jueves, 4 de agosto de 2011

CUAN BELLA ES LA VIDA,

Gracias a DESDE EL TINTERO he logrado rescatar desde las más recónditas profundidades abismales de la memoria, recuerdos que inconscientemente han marcado mi desarrollo como persona. Ya he compartido con Ustedes algunas de esas vivencias y anoche recordé otra que estaba algo empolvada en los anaqueles del banco de datos pasados. 


Hace ya unos cuantos años o como dicen los cuentos “Hace ya muchos, muchos años” oí una parábola que se decía era muy antigua o al menos así me lo indico la persona que me la contó. Y debe ser muy antigua porque en aquellos días Dios acostumbraba a vivir en la Tierra. 

La parábola dice algo así: 

Un día un viejo campesino fue a verle y le dijo: “Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: No eres un campesino, no conoces ni siquiera el ABC de la agricultura. ¿Tienes algo que aprender”. 

Dios dijo: “¿Cuál es tu consejo?”. 

El campesino le dijo: “Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo quiero y veamos qué pasa, y te aseguro que la pobreza no existirá más”. 

Dios aceptó y le concedió al campesino el año solicitado para que le mostrara lo que podía hacer según lo por el dicho. 

Resulto entonces que el trigo crecía altísimo. Cuando el campesino quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Ese año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto. El trigo crecía tan alto… que el campesino fue a ver a Dios y le dijo: “¡Mira! esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en diez años, aún así tendremos comida suficiente”. 

¡Pero grande fue su sorpresa¡ pues cuando al recoger los granos de trigo, éstos estaban vacíos. El campesino, por supuesto, se sorprendió. Entonces le preguntó a Dios: “¿Qué pasó, qué error hubo? ¿Qué hice mal?”. 

Dios, con voz celestial le dijo: “Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción, como tú evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha y dificultad es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo”. 

De esta parábola entendí que la noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan esenciales como los días de alegría y felicidad. A esto se le llama entendimiento. Entendiendo este secreto descubriremos cuán grande es la belleza de la vida, cuánta riqueza llueve sobre nosotros en todo momento, dejando de sentirnos miserables porque las cosas no van de acuerdo con nuestros deseos.

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