sábado, 7 de mayo de 2011

A PESAR DE LA ILUSION

VIERNES 11 DE FEBRERO DE 2011

En cada instante te vuelves a crear, sea de manera consciente o inconsciente; a sabiendas o no de lo que está ocurriendo.

Una vez que entiendas que siempre hay Vida, aprenderás a aprovechar la ilusión de insuficiencia de vida. La ilusión te servirá de ayuda, en lugar de ser un obstáculo, cuando recorras el sendero de regreso a casa.

A PESAR DE LA ILUSIÓN

Puedes relajarte; ya sabes que tienes más tiempo, a pesar de la ilusión de que el tiempo se está agotando. Puedes crear con gran eficiencia, pues sabes que tienes más Vida, a pesar de la ilusión de que tu vida se acaba. Puedes encontrar paz y alegría, a pesar de la ilusión de que no hay suficiente de lo que crees necesitar, pues ahora sabes que sí hay suficiente. Hay suficiente tiempo, suficiente vida y suficiente materia de vida para que puedas vivir con felicidad eternamente.

Cuando te permitas concebir que haya suficiente de lo que considerabas insuficiente, comenzarán a ocurrir cambios extraordinarios en tu manera de vivir.

Cuando entiendas que hay suficiente, dejarás de competir con los demás. Dejarás de competir por el amor, el dinero, el sexo, el poder o cualquier cosa que antes creías era insuficiente. ¡Se acabó la competencia!

Esto lo transforma todo. Ahora, en lugar de competir con los demás para obtener lo que desees, comenzarás a regalarlo. En lugar de pelear por conseguir más amor, empezarás a dar más. En lugar de luchar para lograr más éxito, te cerciorarás de que los demás lo tengan. En lugar de esforzarte por detentar el poder, comenzarás a otorgárselo a los demás.

En lugar de buscar afecto, atención, satisfacción sexual y seguridad emocional, descubrirás que tú eres la fuente de todo ello. Darás a los demás todo lo que alguna vez deseaste. Y lo asombroso es que, en la medida en que des, también recibirás. De repente tendrás más de lo que regales.
El motivo es muy claro. No tiene nada que ver con que tus actos sean “moralmente correctos”, “espiritualmente iluminados” ni “La Voluntad de Dios”. Se debe a una verdad muy sencilla: No hay nadie más. Sólo existe Uno.

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