jueves, 6 de febrero de 2014

SEAMOS NOSOTROS MISMOS



Resulta por demás asombroso la plena conciencia que tenemos del valor de las cosas -de un carro, de una casa, de un traje o vestido, etcétera-, pero resulta que no sabemos el valor del bien máximo, que es el valor de uno mismo.

Desafortunadamente, siempre nos estamos recriminando nuestros defectos y deficiencias, y anhelamos todas aquellas cualidades que no poseemos, lo cual se refleja en todos los campos de nuestra vida. Deseamos la casa que no tenemos, el carro que no poseemos, el dinero que no tenemos, la mujer, el hijo, la familia, etcétera, y debemos aprender a amar lo que poseemos.

Un hombre sin defectos sería un ángel y sin cualidades sería un monstruo; todos los seres humanos somos una amalgama de fuerzas y debilidades, y normalmente toda potencialidad conlleva en sí misma una debilidad: por ejemplo, la persona muy sensible tiene la potencialidad de percibir todo su entorno con mayor facilidad que los demás, pero su intensa vivencia le puede hacer sufrir más intensamente.

El artista que disfruta llevando al lienzo lo que percibe en forma magistral, posiblemente su anhelo de lograr la perfección o su máxima expresión artística lo encamina a una búsqueda permanente y sin tregua toda una vida, desgastándolo prematuramente; así pues, no se puede dividir al ser humano en un sistema tan simplista de cualidades y defectos; debemos tener conciencia de las cualidades que poseemos. En la medida en que estemos más conscientes de nuestro valor, iremos cobrando mayor auto respeto para nosotros mismos, y esto, en lugar de envanecemos, debe responsabilizamos para auto exigirnos más.

Alguien escribió que para "poder amar a otros es necesario amarse a sí mismo, pues sólo se puede dar a los demás lo que uno mismo tiene". El amarse a sí mismo no implica una realidad egocéntrica. Es un genuino interés, calidez y respeto por uno mismo; es luchar por re-descubrir y mantener la propia singularidad; descubrir la verdadera maravilla de nosotros mismos, no únicamente del nosotros actual, sino de las muchas posibilidades que poseemos.

El amarse a sí mismo implica apreciar nuestro propio valor por encima de todas las cosas. El amarte a ti mismo también implica el conocimiento de que sólo nosotros podemos ser nosotros. Si tratamos de ser como alguien más quizá nos aproximemos mucho, pero siempre seremos una imitación sin mayor valor; ser uno mismo es lo más sencillo, lo más práctico, lo más satisfactorio, así que tiene mucho sentido el hecho de que únicamente puedas ser para otros lo que eres para ti mismo.

Si nos conocemos, aceptamos si nos apreciamos a nosotros mismos, así como nuestra singularidad; permitiremos que otros también lo hagan. Si valoramos y apreciamos el descubrimiento de nosotros mismo, alentaremos a otros a que emprendan esta importante búsqueda. Si reconocemos nuestra necesidad de ser libre para saber quiénes somos, permitiremos que otros también tengan la libertad para hacerlo. Cuando nos damos cuenta que nosotros somos lo mejor de nosotros mismos, aceptaremos el hecho de que otros son lo mejor de ellos mismos, aun cuando se entiende que todo empieza con nosotros

En la medida en que nos conozcamos a nosotros mismos (y todos somos más similares que diferentes), podremos conocer a otros; cuando nos amemos a nosotros mismos, amaremos a otros, y en la profundidad y medida en que podamos amarnos a nosotros mismos, precisamente en esa profundidad y medida podremos amar a otros Todos debemos entender que lo más importante es percibir nuestras propias potencialidades y destacarlas y no tratar de ser alguien diferente; es considerable la inmensa cantidad de libros, seminarios, cursos sobre personas que han tenido éxito, que por años han hablado sobre lo que tenemos que hacer para ser triunfadores. Sin embargo, casi nadie se ha dedicado a inculcar que en el yo de cada quien está la potencialidad para lograr alcanzar cualquier meta que nos propongamos; el sistema educativo tradicional se ha dedicado a vendernos virtudes de otros pero ha descuidado la riqueza que cada uno posee y que es necesario identificar y proyectar potencializando las cualidades de cada quien.

Una adecuada evaluación no debe confundirse con una concepción de soberbia y superioridad de nosotros mismos, sino todo lo contrario, nos debe dar mayor humildad y responsabilidad el obtener de cada una de nuestras potencialidades una auto expectativa tal que nos exija todos los días actuar de acuerdo no a lo que somos, sino a lo que deberíamos ser.

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